ALTA MAR : EL DIA EN QUE OCCIDENTE DECLARA QUE EL OCEANO LE PERTENECE

La noticia es que un buque “ruso” fue interceptado por USA en aguas internacionales. Como es de esperar todo el mundo tramita la noticia en ...


La noticia es que un buque “ruso” fue interceptado por USA en aguas internacionales. Como es de esperar todo el mundo tramita la noticia en diversos matices. Vayamos a los hechos.
El buque en cuestión es un VLCC (Very Large Crude Carrier) con IMO 9230880, bautizado como Bella 1 y que cambio su nombre a Marinera 1 en medio de la persecución a la que fue sometido. 
Es un buque de gran tamaño (333 metros de eslora) y 60 de manga con capacidad de 318, 518 toneladas de petróleo. 
Fue construido en el 2002 y hasta diciembre del 2025 ostentaba matricula de Guyana. Desde la fecha de su construcción hasta diciembre del 25 el Bella 1 tuvo banderas de Malta, de Liberia y finalmente de Guyana.
En diciembre del 25 durante la persecución en el Atlántico Norte, a 5500 millas de las costas americanas, entre Islandia y UK, solicito la matricula rusa que le fue concedida desde el puerto de Sochi. 
Aquí hay elementos que no encajan.
Según el articulo 92 del estatuto de los buques de las Naciones Unidas ( nos vamos a regir por las leyes o no?)  tenemos que :
Artículo 92. Estatuto de los buques. 
1. Los buques navegarán bajo el pabellón de un solo Estado y, salvo casos excepcionales expresamente previstos en tratados internacionales o en la presente Convención, estarán sujetos a su jurisdicción exclusiva en alta mar. Ningún buque podrá cambiar de pabellón durante un viaje ni en un puerto de escala, salvo en caso de transferencia efectiva de propiedad o cambio de matrícula. 
¿Es este el caso de Bella 1 y su súbito cambio de nacionalidad y de pabellón?
Otro aspecto a considerar que el buque estaba vacío. Completamente.
¿Que transportaba?
¿A que vino todo el aparataje de persecución por parte de USA y UK en aguas internacionales a 5 500 km de las costas americanas?
La operación para apoderarse del barco contó con la ayuda del Reino Unido y, según informes de OSINT británicos implicó una cantidad desproporcionadamente grande de recursos aéreos:
La operación aérea para capturar el petrolero Marinera cuenta con el apoyo de un avión de reabastecimiento Boeing KC-135T Stratotanker de la Fuerza Aérea estadounidense, un avión de patrulla Boeing P-8A Poseidón de la Fuerza Aérea estadounidense y un Boeing Poseidón MRA1 británico. 
En las inmediaciones opera toda una red de aviones estadounidenses de misiones especiales, incluido el Pilatus U-28A Draco.


Eso parece una gran cantidad de recursos para gastar en un barco vacío.
Me parece que es otra gran operación propagandística para satisfacer el hambre de hegemonía mundial del público americano y el ego desenfrenado de Donald Trump.
¿Que han dicho los rusos? (Informe del Ministerio de Transporte ruso)
El 24 de diciembre de 2025, el petrolero Marinera recibió una autorización temporal para navegar bajo la bandera estatal rusa, emitida de acuerdo con la legislación rusa y las normas jurídicas internacionales.
Hoy, alrededor de las 15:00 hora de Moscú, fuerzas navales estadounidenses abordaron el buque en alta mar, fuera de las aguas territoriales de ningún estado. Posteriormente, se perdió el contacto con el buque.
Según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982, la alta mar se rige por el principio de libertad de navegación. Ningún Estado tiene derecho a emplear la fuerza contra buques legalmente registrados bajo la jurisdicción de otro Estado.
Por tanto, los rusos reconocen que el barco es ruso o estaba bajo la protección rusa en el momento del abordaje (si, “abordaje” como hacían Francis Drake y John Hawkins, los corsarios ingleses con patente de corso por parte de la Corona Inglesa)
¿Qué dicen los americanos?
Estados Unidos afirma que no considera que el petrolero "Marinera" pertenezca a Rusia ni a ningún país. Continúa afirmando que se cree con el derecho a incautar todos los petroleros involucrados en el transporte de petróleo venezolano.
La portavoz de la Casa blanca nos dice que el Bella 1 es un barco de la Flota sombra venezolana que trataba de burlar las sanciones impuestas a Venezuela 
Pero el barco estaba vacío y estoy más que seguro que USA lo sabía.
La incautación del petrolero Marinera —rebautizado a toda prisa, Re abanderado en plena huida y finalmente capturado en aguas internacionales— no es un episodio técnico ni una anécdota marítima. 
Es una confesión de poder. La prueba tangible de que el orden internacional posterior a 1991 no se basa en reglas compartidas, sino en obediencia forzada.
Quien aún crea que esto va de “sanciones”, “legalidad” o “cumplimiento normativo”, llega treinta años tarde.
1991 no fue el inicio de la paz, fue el inicio del cerco
Tras el desplome de la Unión Soviética, Occidente prometió integración. Lo que entregó fue expansión, asfixia y humillación estratégica.
Vayamos a la Historia que nos mira desde su eternidad: 
OTAN expandida hasta las mismas fronteras rusas
Doctrina de seguridad europea rediseñada sin Rusia
Privatizaciones salvajes que destruyeron su economía en los 90
Dependencia inducida del dólar y del sistema financiero occidental
Sanciones convertidas en política exterior permanente
No se trató de contener una amenaza, sino de aprovechar una derrota histórica. Rusia no fue invitada al nuevo orden; fue tolerada mientras obedeciera.
No hay dudas de que el Marinera 1 era parte de la “flota sombra”. Su historia lo demuestra, cambios de matrículas, cambio de banderas. 
También es un barco viejo de 23 años de vida. Pero ese no es el punto.
El punto es que Occidente necesita barcos como este para justificar su excepcionalismo legal. 
Necesita casos “sucios” para ensayar doctrinas limpias en apariencia y profundamente autoritarias en el fondo.
Estados Unidos no solo persiguió al buque:
Emitió una orden judicial nacional
La proyectó fuera de su territorio
La ejecutó en alta mar
La impuso sobre un pabellón extranjero reconocido


Eso tiene nombre, aunque incomode: extraterritorialidad imperial.
Quizás el cambio de bandera del buque, súbito y en apariencia inexplicable tiene otro objetivo.
Rusia aceptó el cambio de bandera en plena persecución. No porque creyera que el barco se salvaría, sino porque quería forzar la pregunta que nadie en Occidente quiere responder:
¿Sigue existiendo la soberanía marítima si Estados Unidos decide qué no?
Al aceptar el registro, Moscú puso sobre la mesa una provocación jurídica: si incluso un buque bajo bandera rusa puede ser incautado en alta mar, entonces el derecho del mar es papel mojado cuando choca con los intereses de Washington.
La legalidad occidental: flexible, selectiva y obediente al poder
Occidente invocó:
“Fraude de bandera”
“Buque sin vínculo genuino”
“Evasión de sanciones”
“Instrumento del delito”
Todo aplicado solo cuando conviene.
Porque nadie recuerda el mismo fervor legal cuando:
Petroleras occidentales violaron embargos
Aliados estratégicos comerciaron bajo la mesa
Buques “amigos” operaron en zonas grises
El contrabando financió guerras convenientes
Mucha gente pregunta como Rusia no responde con fuerza demoledora, entre ellos yo mismo en un corto y duro comentario en Facebook donde clasifique a Rusia Oso desdentado y cobarde.
Analizándolo mejor pienso que responder militarmente habría sido regalarle a Occidente la escena que necesita: la del “agresor irracional”.
Porque un viejo barco petrolero no vale una guerra y porque la fuerza inmediata suele ser la peor jugada estratégica.
quizás Rusia eligió algo más corrosivo:
Dejó que EE. UU. sentara el precedente
Documentó la extralimitación
Normalizó la denuncia de “piratería legal”
Y Donald Trump definió claramente que la libertad de navegación no es un principio, es una concesión. Funciona mientras no contradiga el sistema financiero, político y militar occidental.
Si un buque:
Usa el dólar
Necesita seguros occidentales
Toca puertos occidentales
O desafía sanciones occidentales
Entonces ya no navega libremente. Navega condicionalmente. 
El océano ya no es neutral. Está cartografiado por el poder. La incautación del Marinera no fue un triunfo moral ni una aberración aislada. Fue una advertencia al resto del mundo:
El derecho internacional existe…hasta que estorba.
Rusia lo entendió hace tiempo y China lo está estudiando con atención.
Y mientras tanto, Occidente sigue hablando de normas, reglas y legalidad, mientras demuestra —una vez más— que la ley no limita al poder: el poder redefine la ley.
Lo ocurrido con el Marinera no anuncia un nuevo orden mundial: confirma uno viejo, brutal y maquillado, donde Occidente se reserva el derecho exclusivo de decidir qué es ley, cuándo aplica y a quién se le permite ignorarla. No fue una incautación: fue una demostración pública de dominio, una forma de decirle al mundo que la alta mar ya no es un espacio común, sino una extensión flotante del poder occidental y específicamente de los Estados Unidos.
Occidente predica reglas porque ya escribió el reglamento con su firma al pie. El derecho internacional no murió hoy; lleva décadas siendo un instrumento selectivo, blandiéndose contra los débiles y guardándose en el cajón cuando molesta a los fuertes.
El barco era chatarra. La bandera era un pretexto. La legalidad, una coartada.
Lo que realmente se hundió fue la última ficción de neutralidad. Desde ahora, todo buque sabe la verdad: no navega bajo el derecho del mar, navega bajo la tolerancia del hegemón. Y esa tolerancia no es ley, es permiso. Revocable. Arbitrario. Violento.
No estamos ante el colapso del orden internacional, sino ante algo peor: su sinceramiento. El mundo ya no se rige por normas comunes, sino por líneas rojas móviles trazados por quien tiene la flota, el dólar y los jueces. 
El resto obedece, esquiva… o aprende.
Y quien todavía hable de “libertad de navegación” después de esto, no es ingenuo. Es cómplice.


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