CHRYSTIA FREELAND REGRESA A UCRANIA
Chrystia Freeland no carga con los pecados de su abuelo. Nadie hereda culpas históricas. Pero sí se hereda la responsabilidad moral de decir...
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Chrystia Freeland no carga con los pecados de su abuelo. Nadie hereda culpas históricas. Pero sí se hereda la responsabilidad moral de decir la verdad, y ahí es donde la Freeland patina lastimosamente.
Michael (Mykhailo) Chomiak fue el abuelo materno de Freeland y también fue editor jefe del periódico Krakivski Visti , un medio de prensa que operó en Cracovia bajo ocupación nazi entre 1940 y 1945.
Funcionaba con permiso y supervisión alemana y publicaba fuerte y constante contenido antisemita, coherente con la propaganda del Tercer Reich.
Este periódico era un colaborador nazi civil y consciente.
Esto no es interpretación política: está documentado en archivos, estudios académicos y trabajos de historiadores, incluido John-Paul Himka, experto en el tema y pariente político de Freeland.
El punto crítico no es el abuelo, es la narrativa, el problema no es Chomiak que murió hace décadas.
El problema es que Freeland construyó una identidad pública apoyada en una narrativa moral incompleta. Presentó a su familia como víctima del nazismo y oculto cuidadosamente el rol de su abuelo como colaborador propagandístico y teniendo semejantes cucarachas en su gaveta, usó el lenguaje del antifascismo como capital político.
Cuando la información salió a la luz, su reacción fue peor que el silencio: Su equipo calificó las revelaciones como “desinformación rusa”, pero esa defensa se derrumbó cuando los documentos históricos confirmaron los hechos.
Y aun así continuo en el gobierno de Canadá bajo la complacencia de Justin Trudeau.
Colaboracionismo no es un detalle menor, editar un periódico bajo ocupación nazi no era un trabajo neutro, la prensa era un arma del régimen, no un espacio de opinión libre.
El abuelo Chomiak no fue un burócrata pasivo ni un campesino obligado.
Fue un intelectual activo dentro del aparato informativo del ocupante.
Eso, en términos históricos serios, se llama colaboración. No matiz, no excusa, no relativismo.
Trudeau y sus acólitos ignoraron las acciones de la Freeland que llego a los mas altos niveles del gobierno de este “país libre y democrático” cuando Freeland se convirtio en una de las voces más agresivas en moralizar la política internacional y usar el pasado como arma discursiva.
Chrystia Freeland no es responsable de lo que hizo su abuelo.
Su abuelo sí colaboró con el régimen nazi desde la propaganda y Freeland sí ocultó y distorsionó ese hecho durante años simplemente por conveniencia política.
El escándalo no es genealógico, es ético y político.
Es la mentira y la hipocresía oportunista cuando se disfraza de superioridad moral.
Hete aquí el nuevo normal de la clase política occidental. Esta mentirosa y oportunista e hipócrita es la encargada de reconstruir Ucrania. Administrar los billones robados a los trabajadores de Norteamérica y regalados por sus lideres “electos” al mendigante ucraniano.
No podía tener mejor destino .


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