EL DECLIVE DE OCCIDENTE Y LA FALACIA DE LA DEMOCRACIA
Hay una ciudad en el sur de Ontario que se llamó Berlín durante más de cien años. La fundaron menonitas llegados de Pensilvania a finales del siglo XVIII, gente que huía de la leva militar y buscaba, sobre todo, que la dejaran en paz. Llegaron otros inmigrantes del este de Europa y se asentaron allí. Construyeron graneros, iglesias sobrias, una economía artesanal sólida y silenciosa. Le pusieron el nombre de la capital que muchos de sus antepasados alemanes habían dejado atrás generaciones antes: Berlín. Berlín, Ontario, fue durante más de un siglo una de las ciudades más prósperas y ordenadas de Canadá. Tenía cervecerías, clubes de tiro alemanes, periódicos en alemán, un busto del Kaiser en el parque central. Nadie parecía sentir que esto fuera una contradicción con ser canadiense. Era, simplemente, lo que la ciudad era. Y entonces llegó 1916. Con la Primera Guerra Mundial en su peor m...