QUEMARAN LOS LIBROS DE AGATHA CHRISTIE?
L Leyendo las noticias de hoy me viene a la mente Hércules Poirot, personaje creado por Agatha Christie en 1920 para su primera novela ...
Todos
conocemos a Hércules Poirot, un detective belga exiliado en Inglaterra después
de la Primera Guerra Mundial que es el personaje más famoso y longevo de
Christie, apareciendo en 33 novelas, dos obras de teatro y 51 relatos
publicados entre 1920 y 1975.
Hay
una frase atribuida a Hércules Poirot como broma recurrente, pero en realidad,
nunca aparece de forma literal y exacta en las novelas de Agatha Christie.
SIN
SIMETRIA Y CHOCOLATE NO PUEDO TRABAJAR
No
aparece, Christie nunca la escribió, sin embargo, es totalmente coherente con
el personaje y con varias líneas muy cercanas que Poirot dice a lo largo de las
diferentes novelas.
La
idea real que Christie pone en boca de Poirot es que:
Necesita
orden, método y simetría para que funcionen “sus pequeñas células grises”. El
chocolate caliente le ayuda a pensar, como ritual casi obsesivo.
Poirot
insiste en cosas como:
·
El
orden y el método lo son todo.
·
Sin
orden no hay pensamiento.
·
Las
pequeñas células grises necesitan disciplina.
Con
el tiempo —y sobre todo en adaptaciones modernas y citas apócrifas— eso
cristalizó en la frase popular:
Sin
simetría y chocolate no puedo trabajar.
No
es joven, no es atlético, no es carismático en el sentido moderno.
Y,
sin embargo, derrota a todos. ¿Cómo? Con lo único que hoy escasea: la mente
disciplinada.
Poirot
cree en las pequeñas células grises. No en la fuerza, no en la casualidad, no
en la improvisación. Cree que el mundo, incluso cuando parece caótico, obedece
a una estructura.
Y
ahí entra su obsesión por la simetría: para él, la verdad no puede ser
desordenada. El crimen rompe el equilibrio; resolverlo es restaurarlo.
Pero
hay algo más profundo: Poirot no es relativista.
En
su universo existe el bien y el mal. Puede comprender las motivaciones humanas,
incluso sentir compasión, pero no confunde comprensión con absolución. Cree en la civilización, en las reglas, en la
forma.
No
es vanidad: es disciplina. Poirot entiende que la razón sin placer se vuelve
cruel, y que el placer sin razón degenera en barbarie.
De
nuevo, simetría.
El
caos actual, la barbarie política, la corrupción extrema que destilan las
noticias de hoy me recuerda el carácter de Poirot.
Porque
en un mundo donde los líderes mienten, relativizan, se contradicen y llaman
“complejidad” a su corrupción, Poirot susurra algo insoportable:
la
verdad existe, el orden importa, y la inteligencia exige responsabilidad.
Y
es ahí donde me surge la linealidad entre integridad y simetría y la ausencia
de estas en la política mundial que es una estafa moral perfectamente
organizada. Un catálogo de formas rotas
donde la integridad ha sido reemplazada por la asimetría como método de
gobierno.
Los
líderes no mienten por accidente; mienten por diseño.
Proclaman
valores universales mientras operan como clanes, invocan la ley mientras
gobiernan desde la excepción y hablan de transparencia con la boca llena de
sombras. No coinciden consigo mismos porque no lo necesitan: el sistema ya no
exige coherencia, solo obediencia.
La
integridad —como la simetría— es peligrosa para el poder, porque obliga a que
pensamiento, palabra y acción se reflejen.
Por
eso fue sustituida por la coartada más cínica de nuestro tiempo: el “greater
good”.
En
su nombre se legitima todo: guerras presentadas como humanitarismo, corrupción
maquillada de gobernabilidad, censura vendida como protección y mentiras
convertidas en política pública.
El
bien común es hoy un comodín retórico, una patente de corso para que las élites
hagan exactamente lo que siempre han querido hacer.
Occidente,
que se vende como conciencia moral del mundo, es el campeón absoluto de esta
deformidad.
Señala
con el dedo mientras esconde las manos. Denuncia la corrupción ajena mientras
institucionaliza la propia. Predica democracia mientras construye castas
intocables y administra la verdad como una dosis controlada, suficiente para no
provocar rebeliones, pero insuficiente para deshacer los numerosos y frecuentes
entuertos.
No
solo es decadencia: es cinismo elevado a sistema.
La
corrupción real no empieza cuando se roba dinero; empieza cuando se rompe la
simetría entre principios y actos.
Un
líder corrupto es, antes que nada, un fraude lógico: alguien cuya forma no
corresponde con su discurso. Y cuando casi todos lo son, la deformidad deja de
escandalizar y se vuelve paisaje. Entonces el ciudadano se acostumbra a vivir
rodeado de mentiras y se siente obligado a aplaudirlas.
Hércules
Poirot, con más lucidez que toda una generación de tecnócratas, lo resumió así:
Sin simetría ni chocolate, no puedo trabajar.
Una
frase apócrifa con respecto a la obra de Agatha Christie pero que cobra toda su
dimensión en el panorama político mundial porque sin orden interno no hay
verdad posible.
Nuestros
gobernantes han decidido que la falta de simetría no es un problema, sino una
ventaja operativa. Decir hoy
“integridad” con respecto a la política es un acto subversivo. Exigir simetría
moral es una amenaza directa al poder.
Nuestros
gobernantes asimétricos e inmorales requieren silencio y obediencia y el día
llegara que alguno de ellos considere a Hércules Poirot subversivo.

3 comentarios
Magnifico artículo. De acuerdo con Ud. Ha sido un placer leerlo mientras todos duermen y yo me levante por mi chocolate. Adelante con el 2026
Bravo!! Esta comparación de los gobernantes con la metódica de Poirot esta fuera de liga magnifico nunca más certero soy una fanática a la Christie y a Poirot con su metodologia deductiva ,observadora y refinada actitud gracias maestro
Gracias por leerme. Muchos Saludos y Prospero 2026.
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