LA FÁBRICA DE LÍDERES DEL EXILIO (De la canonización de los opositores a la intolerancia contra quienes se atreven a disentir)

 


Hace unos días escribí una opinión sobre el caso de Anna Bensi, la joven cubana que acaba de ser condenada junto a su madre a dos años de limitación de libertad por un tribunal cubano, después de grabar y difundir un video relacionado con la actuación de un agente del MININT.
El proceso ha sido denunciado por organizaciones y medios independientes como otro episodio de represión contra quienes expresan públicamente su oposición al régimen.
No cuestioné el derecho de Anna Bensi a expresarse, no cuestioné la gravedad de lo ocurrido y muchos menos defendí al régimen cubano.
Hice algo mucho más desagradable: cuestioné la tendencia del exilio a convertir automáticamente en líderes políticos a determinadas personas simplemente porque se enfrentan al gobierno cubano.
Y aparecieron los guardianes de la nueva ortodoxia: Sin escrotos, yegua, por eso se apartaron de ti y demás incongruencias.
No me ofenden particularmente.
A mi edad uno ya ha visto demasiadas cosas como para perder el sueño por un insulto de Facebook, pero sí me interesa el fenómeno porque detrás del insulto existe algo mucho más importante que es el contexto alimentario de  la Vulgata y la Biomasa.
Yo tengo dos preguntas para todos ellos.
¿Qué ha producido políticamente la fábrica de líderes que hemos construido durante todos estos años?
¿Qué resultados hemos obtenido como pueblo y como fuerza militante a favor del pueblo cubano fuera de Cuba?
Cuba sigue siendo una dictadura. Y nosotros seguimos fabricando héroes.
Anna Bensi tiene 21 años.  Es una creadora de contenido, activista y crítica del Gobierno cubano. Ha denunciado públicamente problemas de la vida cotidiana en la Isla y ha asumido una posición política contraria al sistema. Su caso judicial es real y merece atención. Ella misma ha dicho que considera injusta la condena y que quiere una Cuba libre.
Todo eso es perfectamente respetable. Tiene valor, esta siendo perseguida, y merece toda la solidaridad del mundo.
Pero  lo que está pasando Ana Bensi hemos pasado miles de cubanos anteriormente y están pasando cubanos ahora, e incluso más jóvenes que ella sin que reciban atención mediática alguna,  no es un fenómeno único y aislado y hemos visto muchos casos similares que nos inducen ser cuando menos escépticos.
 Y al parecer para algunos miembros de la Biomasa, no se puede ser escéptico aun cuando nuestro razonamiento este avalado por la historia.
Una víctima puede ser valiente sin convertirse en un líder o en un símbolo y un influencer puede tener cientos de miles de seguidores sin tener detrás una organización política capaz de sobrevivir una semana sin su teléfono.
 
EL CASO OTERO ALCÁNTARA
 
Luis Manuel Otero Alcántara fue convertido por una parte importante del exilio en uno de los grandes símbolos de la resistencia contra el castrismo.
Fue perseguido y encarcelado.
Y fue una figura central del Movimiento San Isidro. Pasó cinco años en prisión. Su encarcelamiento generó una importante campaña internacional y finalmente llegó a Estados Unidos en julio de 2026.
Pero una cosa es reconocer el sacrificio de un hombre y otra convertirlo en un líder político prácticamente por decreto.
Y eso es lo que sucedió con este personaje. Porque cuando Otero llegó al exilio apareció el hombre detrás del símbolo.
Y ese hombre resultó ser bastante más complejo, contradictorio y provocador que la imagen que algunos habían construido desde lejos. Sus entrevistas posteriores generaron controversia precisamente por su manera de expresarse y por algunas de sus declaraciones. Él mismo respondió a sus críticos diciendo que es un artista provocador.
Y aquí quiero ser justo. Otero tiene derecho a hablar como quiera, tiene derecho a ser vulgar, tiene derecho a utilizar expresiones soeces, tiene derecho a provocar, tiene derecho a hablar de sexo, tiene derecho a ser políticamente incorrecto porque eso también es libertad.
Pero el  hombre desmonto al activista y al sufrido preso político que vendieron al exilio y se manifestó como realmente es , representando  la metamorfosis  perfecta del símbolo al personaje:
Primero aparece el opositor. Después la persecución. Después la cárcel. Después el martirio. Después la fotografía. Después la campaña internacional.
Después el exilio. Y finalmente aparece el personaje.

 YUNIOR GARCÍA: OTRO EXPERIMENTO

Yúnior García es todavía más interesante para este análisis. En 2021 se convirtió en el rostro más visible de Archipiélago y de la convocatoria del 15N. La plataforma pretendía organizar una marcha pacífica por la liberación de presos políticos y por cambios democráticos. El régimen respondió con represión, vigilancia, actos de repudio y bloqueo de los participantes.
Como siempre hace desde hace más de 60 años. 
Yúnior fue sometido a una presión enorme. El 14 de noviembre fue bloqueado en su casa y no pudo realizar la marcha individual que había anunciado. Tres días después apareció en España.
No voy a llamarlo cobarde. No tengo necesidad de hacerlo.
Tampoco voy a negar la brutal presión a la que fue sometido por el aparato represivo cubano que muchos de nosotros conocemos de cerca.
Pero existe una realidad política que tampoco debemos esconder. La salida de Yúnior tuvo un enorme impacto sobre Archipiélago.
Lo escribió entonces el propio El TOQUE, que señaló que la forma en que se produjo su salida afectó políticamente a la plataforma y que la decisión erosionó su capacidad de liderazgo.
Una organización que había construido una enorme expectativa alrededor de una persona quedó gravemente afectada cuando esa persona salió del escenario.
 
EL EXILIO Y SU EXTRAORDINARIA NECESIDAD DE MESÍAS

Tenemos una tendencia histórica. Aparece alguien. Lo descubrimos. Lo entrevistamos. Lo convertimos en símbolo. Lo defendemos. Lo elevamos.
Y después comenzamos a atribuirle cualidades que jamás comprobamos.
Primero fue el opositor. Después el líder. Después el representante de una generación. Después la esperanza. Y finalmente, si alguien lo cuestiona, aparece la jauría.
Porque ya no estamos discutiendo una persona.
Estamos defendiendo un mito. Y contra los mitos no se puede argumentar. Sólo se puede creer.
Y esta no es una historia que haya comenzado con Otero. Tampoco con Yúnior. Ni terminará con Anna Bensi.
Durante décadas hemos producido figuras opositoras que, en determinados momentos, fueron presentadas como la posibilidad de un cambio definitivo.
Algunas fueron verdaderamente valiosas. Otras fueron perseguidas injustamente. Otras pagaron precios enormes. Algunas hicieron contribuciones importantes.  Algunas perdieron la vida.
Pero el resultado histórico acumulado obliga a formular una pregunta incómoda:
¿Dónde está el resultado político?
Cada vez que surge una figura que pudiera polarizar el descontento e iniciar el proceso para una organización popular basada en su propia figura, el mismo gobierno de Cuba facilita su salida al exterior.
Estamos cansados de verlo.
Tenemos mártires. Tenemos presos. Tenemos artistas. Tenemos periodistas. Tenemos activistas. Tenemos influencers. Tenemos intelectuales. Tenemos organizaciones. Tenemos partidos. Tenemos plataformas. Tenemos líderes. 
Y tenemos una pila de oportunistas que han vivido y viven de la “la lucha por la libertad de Cuba….  pero fuera de Cuba
Lo que no tenemos es una Cuba libre, un país normal que con luces y con sombras que permita una vida digna a sus habitantes.
Pero hete aquí una figura recurrente en esta atmosfera.
¿Qué sucede cuando uno no se suma a la corriente general?
Te conviertes en sospechoso.  Si cuestionas al régimen, eres opositor. Pero si cuestionas a ciertos opositores, por cualquier motivo, entonces puedes convertirte en “castrista”. Si cuestionas al líder del momento, eres un agente. Si no aplaudes al personaje de moda, eres cobarde. Si señalas una contradicción, eres traidor.
Si preguntas por resultados, te dicen que estás haciendo el juego a la dictadura.
La corriente general de la Vulgata decide quién tiene derecho a pertenecer y quién debe ser arrojado fuera. ¿Les suena? Debería.
Porque es exactamente el mecanismo psicológico que hemos visto funcionar durante décadas en los sistemas totalitarios.
Aclaremos algo importante: un insulto en Facebook no equivale a una prisión política, a una condena judicial o a la represión ejercida por un Estado.
No hay comparación posible entre ambas cosas. Pero sí puede existir una semejanza en el mecanismo social que es  la intolerancia hacia el discrepante.
La necesidad de establecer una ortodoxia , la creación de enemigos internos y sobre todo lo mas importante : la descalificación del que se aparta del discurso oficial del grupo.
Hay personas que dicen luchar contra el pensamiento único y, sin embargo, necesitan que todos piensen como ellas. Es una contradicción monumental.
Quieren libertad para Cuba, pero no soportan la libertad de quien discrepa dentro del propio exilio. Hablan de pluralismo, pero solamente cuando el pluralismo produce opiniones que coinciden con las suyas.
Pero yo puedo solidarizarme con Anna Bensi sin convertirla en  líder.
Puedo considerar injusta su condena y, al mismo tiempo, preguntarme qué capacidad política ha demostrado. Puedo condenar al castrismo y criticar a los opositores. Puedo defender la libertad de expresión de una persona y, simultáneamente, considerar equivocadas sus ideas. Puedo estar contra la dictadura cubana sin estar obligado a entrar en una procesión detrás de ningún personaje.
Porque aparentemente hay quienes consideran que la virilidad política consiste en repetir la opinión de la mayoría. Yo prefiero otra definición.
Tener criterio es poder quedarse solo cuando uno cree que la mayoría está equivocada. Eso no es cobardía. Eso es libertad.
Por eso mi comentario nunca fue realmente sobre Anna Bensi.
Anna es apenas el episodio más reciente de una historia mucho más larga. Una joven cubana ha sido sancionada por un tribunal, pero hay otros jóvenes cubanos presos en las cárceles de la tiranía incluso mucho más jóvenes que ella y no reciben atención mediática.
Nadie habla de ellos.
Ana Bensi esta en el candelero y cual es la diferencia entre Ana Bensi y todos los jóvenes que languidecen en las cárceles cubanas algunos solo por pedir libertad?
Una cosa es solidaridad y otra canonización. 
Cualquier victima de la dictadura merece nuestra solidaridad irrestricta, pero hay que diferenciar entre víctima y líder, entre sacrificio y resultados.
Y entre libertad y obediencia a una nueva ortodoxia.
Porque si cada vez que aparece una persona perseguida por el régimen tenemos que convertirla automáticamente en nuestro nuevo referente, entonces no hemos aprendido nada.
Estamos sustituyendo una religión política por otra. 
Cuba no necesita que fabriquemos otro héroe. Cuba necesita que dejemos de fabricar héroes y empecemos a fabricar ciudadanos.
 

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