Hay momentos en que una crisis internacional deja al descubierto las contradicciones de una política exterior con más de un objetivo. El actual conflicto energético es uno de ellos. Donald Trump busca contener el precio de los combustibles, negocia con Vladímir Putin para facilitar el suministro ruso de diésel y, al mismo tiempo, mantiene el apoyo militar estadounidense a Ucrania a través de mecanismos financiados por los aliados europeos. Pero Washington también ha presionado a Kiev para que suspenda sus ataques contra las refinerías rusas, mientras surgen graves interrogantes sobre la continuidad de la inteligencia militar y las comunicaciones satelitales de las que depende Ucrania. No son fenómenos aislados. El petróleo, las sanciones económicas, las armas, los satélites y la guerra en Ucrania forman parte de un mismo tablero estratégico. La crisis no se limita al precio del barril. Se trata de una perturbación que afecta a la producción, el transporte, la refinación, la di...
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