EL INEXISTENTE COMPAS MORAL EN LA SOCIEDAD AMERICANA

 
Ya todos sabemos que el juicio a la asesina de niños se anulo y ahora entramos en otra etapa. Pero hay aspectos de este asunto que me gustaría tocar para cerrar el tema por lo menos hasta nuevo aviso.
El juicio de Lindsay Clancy se desarrolla en Massachusetts, y allí la regla sobre la responsabilidad criminal por enfermedad mental ha sido – a mi modesto entender- una de las razones por las cuales ya no pesa sobre la asesina una condena a muerte.
Allí La defensa NO tiene que demostrar más allá de una duda razonable que Lindsay estaba enferma.
Una vez que existe alguna evidencia suficiente para plantear seriamente la cuestión de la falta de responsabilidad criminal, la carga de la prueba pasa a la Fiscalía —el Commonwealth de Massachusetts—.
LA FISCALÍA TIENE QUE PROBAR MÁS ALLÁ DE TODA DUDA RAZONABLE QUE LINDSAY CLANCY ERA CRIMINALMENTE RESPONSABLE. 
Y aquí parece que hubo fallos en el equipo de la fiscalía.
También la defensa tiene trabajo que hacer ya que la cuestión de la falta de responsabilidad criminal tiene que ser planteada mediante solida evidencia.
Pero Massachusetts establece un umbral relativamente bajo:
Debe existir alguna evidencia que, si el jurado la cree, pueda crear una duda razonable sobre la responsabilidad criminal de la acusada.
Una vez que esa cuestión queda legítimamente planteada la carga de la persuasión cae sobre la fiscalía y la instrucción oficial de Massachusetts es extremadamente clara:
La Fiscalía debe probar más allá de toda duda razonable tanto que la acusada cometió el delito como que era criminalmente responsable cuando lo cometió.
Y añade expresamente que:
La acusada no tiene la carga de probar la falta de responsabilidad criminal.
¿Qué tiene que probar entonces la Fiscalía?
Aquí está la parte verdaderamente importante.
Según la prueba legal de Massachusetts, basada en el caso Commonwealth v. McHoul, una persona no es criminalmente responsable si, debido a una enfermedad o defecto mental, carecía sustancialmente de capacidad para:
Comprender la criminalidad o la maldad de lo que hacía,
Ajustar su conducta a lo que exige la ley.
No es necesario que estuviera completamente inconsciente o fuera de la realidad. La ley habla de capacidad sustancial. Un concepto extremadamente abstracto para casos como este
La Fiscalía debe convencer al jurado, más allá de una duda razonable, de que Lindsay conservaba la capacidad legal necesaria para ser considerada responsable.
Y si un solo jurado considera que existe una duda razonable sobre su responsabilidad criminal no puede haber un veredicto unánime de culpabilidad.
La instrucción oficial dice que si existe una duda razonable sobre si la acusada era criminalmente responsable en el momento del delito, el jurado debe encontrarla no culpable por falta de responsabilidad criminal.
Y eso fue lo que sucedió. 
Pero el asunto tiene otras aristas.
Normalmente una asesina de este calibre y circunstancias despierta repulsión social. No ha sucedido así.
Esta asesina de niños ha recibido un nivel inaudito de simpatía a nivel nacional lo que indica a simple vista que la sociedad americana ha perdido su brújula moral. Y entonces es que sale a relucir la palabreja de moda: EMPATIA
Y alrededor del caso ha surgido otra cuestión, quizás más incómoda: la extraordinaria cantidad de simpatía que una parte de la sociedad parece sentir por la mujer acusada, mientras las tres víctimas —sus hijos— parecen desaparecer progresivamente de la conversación.
Porque una sociedad puede perder su brújula moral no solamente cuando deja de sentir compasión. También puede perderla cuando siente compasión por la persona equivocada hasta el punto de olvidar a quienes ya no pueden hablar por sí mismos.
Tres niños ASESINADOS POR SU MADRE. Éste debería ser el punto de partida y también el punto final de cualquier conversación sobre este caso.
Sin embargo, existe una tendencia humana cada vez más evidente: cuando ocurre una tragedia de enormes dimensiones, la atención pública se desplaza rápidamente hacia el sufrimiento del adulto que causó esa tragedia.
Se habla de su depresión, de sus medicamentos. de sus médicos, de su agotamiento, de sus traumas, de sus problemas psicológicos. 
No digo que no sea importante, pero en qué momento la explicación comenzó a sustituir a la víctima? 
Porque explicar no es justificar. Comprender no es absolver. Sentir compasión no significa abandonar el juicio moral.
Y una sociedad que no es capaz de distinguir entre estas cosas comienza a caminar por un terreno extremadamente peligroso.
Decir que una persona tenía una enfermedad mental no resuelve automáticamente la cuestión de su responsabilidad.
Depresión, problemas psicológicos, medicamentos y súbitamente un jurado y parte considerable del publico dice:  la pobre, estaba enferma, por tanto, no es responsable.
¿Y las tres víctimas inocentes?
Este es otro aspecto del caso del cual nadie habla. No se trata de una sola víctima. Son tres.
Una muerte puede producirse en un instante de violencia.
Un arrebato. Una explosión emocional. Una pérdida momentánea de control.
Pero cuando existen tres víctimas, inevitablemente aparece una pregunta:
¿Qué ocurrió entre una acción y la siguiente? ¿Hubo conciencia? ¿Hubo tiempo? ¿Hubo oportunidades para detenerse? ¿Hubo una continuidad de propósito?
Precisamente porque hubo tres víctimas, la secuencia completa merece ser examinada con el máximo rigor y eso no fue lo que hizo el jurado.
El jurado sucumbe a la empatía emocional que es considerada hoy una de las grandes virtudes de nuestra sociedad, pero existe una forma de empatía que puede convertirse en una deformación moral.
La empatía se vuelve peligrosa cuando se concentra exclusivamente en quien cometió el acto y comienza a ignorar a quien lo sufrió. 
Es lo que llamo empatía inmoral
No porque la compasión sea mala. Sino porque la compasión pierde su valor moral cuando destruye la proporción entre el sufrimiento del agresor y el sufrimiento de la víctima.
Pero también es cierto que tres niños murieron. 
A manos de su madre, uno tras otro y ningún sufrimiento del adulto puede convertirlos en personajes secundarios de su propia historia.
La sociedad cuenta la historia de esta tragedia como: la historia de una mujer enferma, cuando, antes que nada, debería ser: la historia de tres niños que no sobrevivieron.
¿Dónde está la movilización pública permanente por Cora? ¿Dónde está la movilización por Dawson? ¿Dónde está la movilización por Callan?
¿Dónde están las campañas dedicadas exclusivamente a preservar sus nombres?
¿Por qué parece que la conversación pública necesita desesperadamente encontrar una explicación que proteja la imagen de la madre?
Tal vez porque aceptar la realidad resulta insoportable.
Una madre debería proteger, defender, la madre debería ser el último refugio de un niño. Cuando una madre destruye esa imagen, la sociedad entra en crisis.
Y entonces aparece una necesidad psicológica: debemos encontrar una explicación que nos permita creer que, en realidad, ella no era responsable de lo que ocurrió.
Pamplinas.
Porque si aceptamos (que de hecho la sociedad occidental lo ha hecho) que una madre puede matar deliberadamente a sus propios hijos y no enfrente responsabilidad por tan abominable crimen, nuestra visión del mundo se vuelve más que decadente, degenerada y la sociedad occidental, incluida sus leyes han perdido el compás moral que es una de las causas de su degeneración.
Cuando la empatía se convierte en absolución. Cuando el sufrimiento del acusado comienza a ocupar más espacio que la muerte de las víctimas y cuando se desarrolla la cultura de la explicación.
Explicamos al criminal. Su infancia. Su trauma. Su enfermedad. Sus medicamentos. Sus padres. Su pobreza. 
Entender las causas de la violencia es necesario para prevenirla dicen los expertos.
Si cada acción humana puede ser explicada por una cadena de traumas, enfermedades y circunstancias, entonces 
¿Dónde termina la explicación y dónde comienza la responsabilidad individual?
Si el sufrimiento se convierte automáticamente en una excusa moral, entonces el concepto mismo de responsabilidad comienza a desaparecer.
Y cuando desaparece la responsabilidad, la justicia se convierte en una especie de terapia colectiva.
Las víctimas tienen un problema: no son los protagonistas de esta historia terrible. Los muertos no pueden defender su propia historia. No pueden dar entrevistas. No pueden contratar abogados. No pueden crear campañas en redes sociales. No pueden explicar su sufrimiento. No pueden convencer a nadie. Están completamente indefensos.
Por eso una sociedad moralmente sana tiene una obligación especial:
No permitir que desaparezcan. Y eso es exactamente lo que pasa con la justicia en estos casos en las sociedades occidentales.
Cora no puede hablar. Dawson no puede hablar. Callan no puede hablar. 
Como no puede hablar la joven ucraniana asesinada en un vagón de un tren, mientras su asesino vive alimentado y mantenido por un sistema que es incapaz de hacer justicia.
Por eso alguien tiene que recordar que ellos son el centro moral de esta historia.
Hoy, cada vez más, interpretamos las relaciones humanas desde la experiencia individual. 
E hedonismo es la parte central de la sociedad occidental ¿Cómo me siento? ¿Cómo afecta esto mi salud mental? ¿Estoy realizado? ¿Estoy agotado? ¿Estoy feliz?... Tener hijos y crear una familia ya no forma parte del manual de las personas en estos momentos. 
Pero hay personas que, aun haciéndose esas preguntas críticas, forman familias de nuevo estilo y tienen hijos y violan constantemente la esencia de la responsabilidad parental. Un niño no eligió nacer. No puede defenderse. No puede escapar. No puede buscar ayuda. Por eso los adultos tienen una obligación moral superior hacia él y esa obligación esta desapareciendo cuando una madre mata a sus tres hijos y la sociedad se vuelca en su apoyo.
Una sociedad necesita leyes, pero necesita quizás mas desesperadamente el compas moral que dicte sus acciones y este compas moral necesario puede explicar una enfermedad, pero tiene que evitar la absolución.
La sociedad americana ha abrazado la empatía total hacia la asesina de niños y como dije, es una muestra de la degeneración que hemos visto en otros aspectos en toda la civilización occidental porque una sociedad que habla constantemente del sufrimiento de los adultos, olvidando que los verdaderamente indefensos eran los niños, es una sociedad degenerada y en decadencia y el jurado de este juicio, exceptuando el único que al parecer tiene los valores de  ciudadano y humano bien definidos,  es la muestra más elocuente de lo que se ha convertido los Estados Unidos de América. 
Y

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