LA TRAICION DE LOS NUEVE

 












¿Conocen ustedes Martin Sellner y Eva Vlaardingerbroek?



Martin Sellner, nacido en Viena en 1989, es un activista y escritor político austríaco asociado a la Neue Rechte (Nueva Derecha) y fue una de las principales figuras del Movimiento Identitario de Austria.
Cofundó ese movimiento austríaco en 2012.

Eva Vlaardingerbroek, nacida en Ámsterdam en 1996, es mucho más joven. Estudió Derecho en Utrecht y filosofía del Derecho en Leiden.
Inicialmente estuvo vinculada al partido neerlandés Forum voor Democratie (FvD), aunque posteriormente dejó la actividad partidista y se convirtió fundamentalmente en comentarista y activista política.
Estos dos jóvenes han hecho un llamamiento a los europeos para que firmen la Ley para Salvar Europa, una petición que se entregará a los de Bruselas si es que no ha sido entregada ya.
Muchos de ustedes se preguntan quizas constantemente cómo hemos llegado a este extremo de que Europa no parece más Europa entre la extrema inmigración, la islamización galopante y las tribus identitarias regionales y  quizás no saben que todo empezó hace mucho tiempo y ha sido la consecuencia de la traición ( si, traición, aunque la historia reescrita y las “interpretaciones” digan otra cosa) de los lideres de nueve países europeos , allá en 1975.
Como era de prever, los acólitos de Úrsula   se negaron a aceptar la Ley para Salvar Europa (firmada ya por cerca de 700.000 europeos), y el movimiento no ha generado más que cierta atención de los medios de prensa alternativo y la burla de los tradicionales
La iniciativa se presentó como una petición y el  término en sí es erróneo. No debió ser una petición, debió ser una exigencia en los más duros términos.
Los miembros de las elites europeas, representadas en esa asociación criminal anti nación llamada eufemísticamente Unión Europea, como es natural hizo o hará caso omiso a esta “petición”.
La Ley para Salvar Europa pretende eliminar a un número considerable de extranjeros no europeos y devolverlos a sus países de origen, pero este objetivo es , actualmente, casi inalcanzable.
Actualmente, la UE cuenta con 450 millones de habitantes, de los cuales unos 50 millones son musulmanes.
En 1957, cuando se fundó la CEE (Comunidad Económica Europea, precursora de la UE), prácticamente no había musulmanes en los seis Estados miembros (Francia, Alemania Occidental, Italia, Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos).
Siempre en Francia y en Holanda han existido cierto número de inmigrantes marroquíes y argelinos pero su número era irrelevante.
El 30 de octubre de 1961, Alemania Occidental y Turquía firmaron el llamado Anwerbeabkommen, un acuerdo para reclutar trabajadores turcos temporalmente.
 Y la iniciativa partió de Turquía ya que Turquía tenía un fuerte crecimiento demográfico; desempleo y subempleo;  y extrema necesidad de divisas.
Alemania, por su parte, tenía exactamente el problema contrario: una enorme escasez de mano de obra provocada por el Wirtschaftswunder, como  se conoce el llamado  milagro económico alemán después de la II Guerra Mundial.
En 1960 había aproximadamente 650.000 puestos vacantes frente a unos 150.000 desempleados.
Alemania ya había firmado acuerdos similares con Italia, España y Grecia, y Turquía fue el siguiente paso.
Pero Alemania inicialmente no quería un acuerdo con Turquía. 
No le interesaba material humano no europeo y consideraba a Turquía fuera del marco europeo de los países de reclutamiento.
¡Y entonces… ah! la inefable geopolítica.
Turquía era miembro de la OTAN desde 1952 y tenía una importancia estratégica enorme para Occidente: estaba en el flanco sudoriental de la alianza, junto a la Unión Soviética y cerca del Oriente Medio.  
Investigaciones históricas alemanas   indican que las consideraciones de política exterior —la posición estratégica de Turquía en el flanco sudoriental de la OTAN— fueron un factor para que Alemania finalmente aceptara. después que, en diciembre de 1960, la embajada turca advirtió a Bonn que, si Alemania rechazaba el acuerdo, Turquía podía interpretar que estaba siendo discriminada frente a Grecia, también miembro de la OTAN.
Por otra parte existía un enorme interés americano  en mantener a Turquía firmemente integrada en el bloque occidental. Y Alemania Occidental no podía ignorar esa dimensión.
El acuerdo original no estaba diseñado para crear una inmigración permanente. 
Los trabajadores debían permanecer inicialmente dos años y regresar a Turquía; incluso estaba previsto un sistema de rotación y no se contemplaba inicialmente el reagrupamiento familiar.
Lo que ocurrió después fue precisamente lo contrario: en 1964 se eliminó la limitación de dos años, en parte por presión de empresarios alemanes que no querían perder trabajadores ya entrenados, y la migración terminó convirtiéndose en asentamiento permanente.
A los trabajadores inmigrantes turcos pronto se unieron marroquíes y otros norteafricanos, quienes llegaron a trabajar principalmente en Alemania Occidental, los Países Bajos, Bélgica y Francia.
Tras sufrir una grave escasez de energía durante la crisis del petróleo de 1973, relacionada con la Guerra de Yom Kippur, la CEE (ahora ampliada con Gran Bretaña, Irlanda y Dinamarca) decidió dialogar con el mundo árabe para evitar problemas similares en el futuro.
El 7 de junio de 1975, estas nueve naciones, junto con la mayoría de los países árabes, firmaron la Resolución de Estrasburgo.
Entre sus términos figuraban lo siguiente:
«Lamentamos el relativo abandono de la enseñanza de la cultura árabe y del árabe en Europa y esperamos su desarrollo; confiamos en que los gobiernos europeos ayuden a los países árabes a crear los recursos necesarios para la participación de los trabajadores inmigrantes y sus familias en la cultura y la vida religiosa árabes; e instamos a los gobiernos de los Nueve a abordar el aspecto cultural del diálogo euro árabe con espíritu constructivo y a dar mayor prioridad a la popularización de la cultura árabe en Europa».
En otras palabras, los estados miembros de la CEE prometieron crear minorías árabes y musulmanas, apoyarlas y lo más importante, impedir su integración.
Los trabajadores inmigrantes invitaban a sus familias, incluyendo esposas, hijos, hermanos, padres, tíos, tías y primos, contribuyendo así al crecimiento de las comunidades musulmanas en las grandes ciudades europeas.
Los niños nacidos en Europa recibían automáticamente la ciudadanía del país donde nacían. Dado que en sus hogares todos hablaban árabe (u otro idioma extranjero), los niños que iban a la escuela se encontraban en desventaja y la mayoría nunca llegaría a aprender realmente alemán, neerlandés o francés.
Si usted quiere saber por dónde empezó la invasión musulmana a Europa hete aquí el primer paso. 
La Traición de los Nueve, le llamaría yo.
La otra parte del cuento, con Alemania como la puerta de entrada de musulmanes a Europa fue la política de puertas abiertas de Angela Merkel que desde el 2015 permito la entrada masiva de inmigrantes a Alemania.
El momento decisivo fue 2015, durante la enorme crisis migratoria europea provocada principalmente por la guerra de Siria, aunque también llegaron personas de Afganistán, Irak, los Balcanes y otros países.
En agosto de 2015, Alemania comenzó a aceptar especialmente a solicitantes de asilo sirios que habían entrado por otros países europeos, apartándose temporalmente de la aplicación normal del sistema de Dublín.
El 25 de agosto, el BAMF ( Bundesamt für Migration und Flüchtlinge, es decir, la Oficina Federal de Migración y Refugiados de Alemania) anunció que dejaba de aplicar en gran medida los procedimientos de Dublín a ciudadanos sirios.
Angela Merkel, traidora a su nación como la mayoría de los lideres europeos, defendía la decisión apelando al derecho de asilo, la dignidad humana y la capacidad económica de Alemania.
Durante las semanas de agosto y septiembre, decenas de miles de personas llegaron a Alemania desde Hungría y otros países. Alemania permitió su entrada y procesamiento, aunque, según las reglas ordinarias de Dublín, muchos podrían haber sido responsabilidad del primer país europeo por el que habían entrado.
Hay algunos informes que la señora Merkel diluía su comportamiento traicionero con declaraciones como: recibir a quienes tenían derecho a protección; acelerar las solicitudes de asilo, devolver a quienes no tenían derecho a permanecer; integrar a quienes sí podían quedarse, combatir a los traficantes; y trabajar con Turquía para reducir las llegadas.
Nada de eso fue implementado y mucho menos aun, ejecutado.
En 2015 y 2016, aproximadamente 1,1 millones de personas solicitaron asilo en Alemania.
Hay un grupo de razones que fueron esgrimidas en su momento por Merkel y sus acólitos que son la mismas que esgrimen los países europeos cando quieren justificar el desmonte de la civilización occidental y la sustitución demográfica que se lleva a cabo en Europa.
 Miren que que decía Angela Merkel:
 
1. Razón humanitaria.
La situación de los refugiados sirios era realmente dramática. Merkel consideraba que Alemania, siendo uno de los países más ricos de Europa, tenía una responsabilidad especial.
 
2. La situación en Hungría.
Miles de refugiados estaban bloqueados allí y las condiciones eran caóticas. Alemania decidió que no podía simplemente devolverlos a Hungría.
 
3. Demografía alemana.
Merkel también hablaba de la situación demográfica de Alemania y de la capacidad económica del país para integrar a los recién llegados.
 
4. Consideraciones políticas y europeas.
Merkel quería que Europa encontrara una solución conjunta en lugar de que cada país cerrara sus fronteras.
Asi comenzó la debacle europea, por el mismo país que creo la debacle anterior, lo que esta vez no es solo guerra y sangre y muertos esta ves se trata de la  extinción de naciones completas.
Hoy en día, existen millones de musulmanes nacidos en Europa que, por supuesto, no son europeos. Son simplemente hijos o nietos de musulmanes africanos o asiáticos que, por casualidad, poseen un pasaporte de un país europeo.
Su identidad principal es la musulmana (o marroquí, turca, etc.), aunque cultural, lingüística y éticamente permanecen sin asimilarse.
La mayoría de los demás inmigrantes musulmanes conservan lealtad a su país de origen, incluso si han pasado dos o incluso tres generaciones. Sobre todo, esto implica el islam, que, sumado a sus orígenes rurales o urbanos de clase baja, los hace prácticamente inadaptados a la vida en Europa.
La fuerte presencia de tantos no europeos sin el menor deseo de asimilarse (buscando consuelo en el islam) se está convirtiendo en un problema cada vez más grave.
Sin embargo, su presencia es bienvenida por las élites perversas que gobiernan los Estados miembros de la UE y la UE en su conjunto, porque constituye un elemento esencial de su política encubierta de divide y vencerás.
Al fin y al cabo, esos gobernantes perversos quieren que todos, excepto ellos mismos, sean una clase social inferior. Al mismo tiempo, es una señal de que la civilización europea ha llegado a su fase final.
La loable iniciativa de Martin Sellner y de Eva Vlaardingerbroek no pasara de ahí; una iniciativa. Ni siquiera fueron capaces de hacer una demanda, de hablar en los tonos fuertes que requiere esta situación.
Europa está perdida y este tipo de escena lo demuestra. No se trata de un fenomeno nuevo, no se trata de una ruptura subita, de un desbalance demografico-geopolitico. La destruccion de Europa es un proceso calculado y amplificado por los sicopatas y perversos lideres europeos cuya unica intencion es poder y control a toda costa.  
 

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